viernes, 6 de marzo de 2015

SUFRIMIENTO

EL SENTIDO DEL SUFRIMIENTO.

 

La llegada a la vida siempre abre ante nosotros un camino a recorrer, una gran aventura que surge incluso antes de nacer, probablemente desde el mismo instante en que somos concebidos. Un camino pleno de desafíos, retos, ilusiones, proyectos, alegrías; pero también de momentos de tristeza y experiencias de dolor.


Nacemos y crecemos con una mochila a nuestra espalda que cada vez está más llena, puesto que con cada paso quedamos en este camino que es la vida sembramos y recogemos constantemente. Así pues, con el paso del tiempo observamos como el ritmo de nuestros pasos va sufriendo diferentes cambios.


Todo caminante gana y pierde en su camino, ríe y llora, sufre y ama, pero sobre todo aprende. Lamentablemente muchos de nosotros pensamos que somos sujetos invencibles, incluso invulnerabilidad se rompe en mil pedazos y nos damos cuenta de cómo en cuestión de minutos, todos nuestros planes y proyectos parecen difuminarse para enfrentarlos a algo que jamás podríamos haber imaginado.


La vida es un proceso de constantes perdidas y con cada una de ellas surge un nuevo reto que nos invita a vencerlo. La máxima expresión de la perdida es la muerte de un ser querido; esta experiencia, devastadora en gran cantidad de ocasiones, nos enfrenta directamente con nuestra propia finitud, pero lógicamente también con la nuestros seres queridos. La experiencia de la muerte puede aparecer en cualquier momento de nuestro caminar en la vida, y con ella nos damos cuenta de que no siempre la naturaleza sigue un camino predecible, no siempre es primero el padre, luego el hijo el nieto quien muere en este orden. Nada nos dice, aun por mucho que lo deseamos que este será el orden lógico en el que nuestros seres queridos nos irán dejando.


ENFRENTARSE AL DOLOR.


La presencia de la muerte es amenazante y algo muy común es ver el gran sufrimiento por la pérdida de un hijo. Estas son quizá las vivencias las que nos enfrentan de manera más real al dramatismo que la vida en su expresión más cruel nos pone por delante.


Se ha observado también como el ser humano reacciona de distintas formas a una experiencia y dependiendo de sus habilidades de afrontamiento que ha cosechado y recogido a lo largo de su vida se puede  enfrentar al dolor transformándolo o dejándose vencer por el sufrimiento. En ocasiones la psicoterapia significa estar con alguien mientras toda la angustia y soledad aparece y lo que hace el terapeuta es proporcionar de espacio y tiempo en el que  el protagonista vierte, sin miedo al abandono ni a la crítica, su dolor.


De acuerdo con Stephen levine, “para poder ayudar si eres quien eres eso basta”. Si te complaces en un sentimiento de no ser bastante, de necesitar dar más, no se trascenderá al pequeño ego que se aferra. Solo la presencia incondicional del acompañante a través de una mano tendida puede hacer más que mil palabras vacías.


LA OSCURIDAD DEL MIEDO


Cuando se sufre la pérdida de un ser querido los significados cambian, el caminar se torna tortuoso y el terreno se abre de manera similar a un terremoto que puede destruir lo mejor construido. La muerte envuelve y afectados por los introyectos almacenados, como desde la cultura en que hemos sido educados y que no nos ha permitido integrarla como parte de la vida, se cae en un pozo de sufrimiento, importancia y desesperación.


La creación de grupos de autoayuda para padres dolientes por la misma experiencia, colaboración, en centros o fundaciones que nacen como homenaje al hijo fallecido, son solo una muestra de la amplia gama de posibilidades que ayudan a reedificar lo derruido y reinventarse como personas.


A medida que se aprenden las lecciones de la perdida, se puede afrontar la vida con otras propiedades, con un criterio más claro en relación con lo que es importante y lo que merece atención. En este sentido, aunque la pérdida puede ser dañina, también puede reorientar nuestra renovación. De acuerdo con Thomas Attig, aunque la pérdida de un ser querido no puede escogerse, el duelo es un proceso lleno de posibilidades.


Cuando se cae en el pozo de dolor, la vida no acaba, se transforma; enfrentarse al mismo y dejarse envolver por su presencia debe afrontarse. Cuando se tiene la valentía de enfrentarse su propia finitud y abordar su agonía y dolor, regresa convertido en una persona nueva en la que combina la tranquilidad, el vigor y un profundo conocimiento.


LA LUZ DE LA ESPERANZA


Desde el descanso del caminante y en el recuerdo de lo sufrido, se puede tomar conciencia de la importancia de la esperanza en los procesos del dolor. Cuando las amenazas de enfermedad o muerte arrancan de las manos las riendas de la vida, podemos sentirnos atrapados en el interior de una minúscula habitación oscura; limitados por paredes asfixiantes que cada vez se sienten más próximas, como si fueran acercándose entre ellas con el fin de aplastarnos. Es el sufrimiento experimentado desde ese estado que somos incapaces de darnos cuenta de la existencia, siempre presente, de un rayo de luz. A veces de trata de un hilo luminoso capaz de iluminar dándonos un punto de referencia que nos guía en nuestra desorientación. Es la luz de la esperanza.


Gómez Sancho explica que la esperanza es un término abstracto, puede soportar muchas definiciones, pero todas tienen en común la expectativa de un bien que está por venir.


La esperanza es esencial, los seres humanos no pueden resistir mucho tiempo sin ella; cuando alguien se le quita la esperanza suele caer en estados depresivos que, sea cual sea el fin, su vida se hace miserable.


El objetivo de la esperanza también sufre sus cambios; no todas las enfermedades  se curan y no todos los enfermos se salvan. Cuando la muerte es inminente debe aceptarse como tal, puesto que no es más que una parte de la vida, la parte final de nuestro camino, el último tramo al que todos llegamos, y quizá el inicio de una travesía. También los últimos momentos tienen que estar cargados de esperanza.


AYUDAR A PARTIR

Compartir el último tramo de vida de un ser querido es una experiencia cargada de significados  y emociones. Como se transcurre este periodo contribuirá a favorecer o negar el proceso de despedida. Generar un acercamiento autentico hacia quien va a morir es contribuir a ayudarle a “soltar amarras”.


Trabajar en la despedida es uno de los actos de amor más sublimes que pueden hacerse en vida; cerrar asuntos inconclusos, compartir sentimientos y abrir corazones desde el amor, favorecerá no solo que la persona que va a morir pueda vivir la etapa final de su vida de forma serena, sino que sus familiares o cualquier

Integrante de su entorno inmediato puedan iniciar con mayor seguridad la sana elaboración del duelo.


Para que la familia del moribundo elabore un duelo Fonnegra de Jaramillo considera los siguientes puestos: compartir información honesta y veraz; la participación familiar en los cuidados del ser querido en la toma de decisiones; respetar las reacciones de cada integrante de la familia; anticipar la muerte; hablar de la muerte; dar propiedad a necesidades, deseos y expectativas del enfermo; permitir el descanso; encontrar un sentido a la enfermedad y permitirse planear un futuro estado en la vida.


EL VALOR DE LO APRENDIDO.


Puede sentirse el peso del sufrimiento y las heridas de las caídas, pero si se ahonda en el interior también se será consciente del valor de lo aprendido, quizá sea un buen momento para escuchar al corazón, encontrarse con uno mismo y tomar conciencia de nuestro estado en la vida.


Orígenes raíces y consecuencias del sufrimiento.


Sufrimiento y dolor no son sinónimos, el primer constituye un fenómeno más amplio que el dolor, abarca más dimensiones y tiene muchas causas, de las cuales el dolor es una de ellas. No todos los que sufren sufren de dolor, ni los que sufren padecen dolor. Las pérdidas, miserias, culpas y maldad son fuentes del sufrimiento humano pero para que en la realidad se dé el sufrimiento es necesario que el sujeto reciba la amenaza de destrucción o desintegración total e inminente de su vida. El hombre sufre de modos diversos, es más amplio que la enfermedad, más complejo y enraizado en la humanidad. La soledad acompaña al sufrimiento, pues llega al límite del aislamiento y de la incomunicación poniendo en peligro la esperanza. El hombre no es soledad, sino capacidad y necesidad de comunicación.


Un nivel de soledad, aceptada, elegida y querida puede enriquecer al ser humano. Sin embargo, una soledad vivida bajo la sensación  de no pertenecer al mundo es difícil de soportar. El miedo a la soledad es otra forma de miedo a la libertad, del riesgo de ejercer la existencia.


Lo que debe predominar en la existencia humana es no dejarse anular por las contingencias. Para sanar y otorgarle sentido al sufrimiento hay que ayudar a salir de la frustración, pues ayuda a mantener la esperanza y la apuesta por dar sentido al vivir.


Para sanar el sufrimiento y darle sentido, hay que incorporar además de la paciencia, la esperanza. La posibilidad de humanizarnos es constante a lo largo de la vida, sin embargo cobra más conciencia cuando se sufre.


 

Escrito por:

Gustavo Abarca

 

 

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